No es necesario
recordar madrugadas que ya no están.
No es necesario
traer tus ojos hasta este lugar.
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recordar madrugadas que ya no están.
No es necesario
traer tus ojos hasta este lugar.
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Cuando la bruma de las calles empaña tus ojos
en las frías y azules noches de invierno
cada barra de bar es como un gran escorpión rojo
que ralentiza el ruido y el vértigo, anestesiándote a su antojo,
envenenándote y limpiando tu rostro de todo el ruido externo.