POBRES DIABLOS

Pisar descalzo el piso de madera

es una pequeña excentricidad irreverente,

y confirmar, viendo a través de las cortinas,

sacudidas por el viento caliente,

que allá afuera aún están en guerra

y que todos corren en busca de algo urgente.

Y volver a mirarte dormida boca abajo,

respirando al compás del lento verano,

sobre el colchón tirado en el piso,

con las velas apagadas y frías,

la piel con aroma a incienso,

y ya sin cigarrillos en tus manos.

Con los labios aún mojados

secándose lentamente a la luz del día

con el suave aire caliente que te acaricia,

luego de empujar las cortinas,

y meterse en puntillas de pie,

subiendo desde la Gran Vía.

De tu lado las botellas de cerveza vacías,

del mío el Jack Daniel´s agonizando,

libros de poesía desparramados,

cuadernos garabateados,

acuarelas, lápices y carbonillas,

y sobres de cartón con discos asomando.

Rastros de otra rebelión nocturna,

un episodio más de una revolución distinta,

que ya lleva varias lunas

y ríos de acordes y de tinta.

Pobres diablos los que necesitan

de pancartas y de estrategias.

Pobres diablos los que miden con discursos ajenos

su dignidad ya casi muerta.

Para librar una guerra hacen falta solamente

tus pestañas, tus piernas y el destello de tu alma,

tus caderas moviéndose lentamente,

libros de poesía, un par de tragos

y, de repente,

el tocadiscos disparado rompiendo con la calma.

 

 

 

Código de registro: 2007054667409

Deja un comentario