DESDE LA ALDEA

 

I

Volver a oler el río

luego de un tiempo en la ruta,

recordar como corre el asfalto

iluminado por la luna

y transportarme al baño de un bar

en una lejana noche de locura.

 

II

No pienso apropiarme de nada

que no me corresponda

ni de mucho de lo que sí me corresponde.

Pero las pocas cosas que me interesan hoy,

tu sonrisa, un puñado de poesías

y algún que otro tesoro

escondido en diálogos a la madrugada

con los pocos amigos que soporto,

no las espero, ni las negocio,

las tomo por asalto… las absorbo.

 

III

Recrudece una vez más

la atroz melancolía de la resaca

que se vuelve aplastante en la mañana.

En las noches me sumerjo en tu piel

y en algún que otro vicio liviano,

pero en la madrugada

se vuelve clara y urgente

la razón por la cual un día

decidimos apartarnos de todo

y librar esta batalla

que desde un principio

ya estaba perdida.

 

IV

No maldigas por tu escudo dormido princesa,

que el tedio no te haga olvidar

se que íntimamente ya lo sabés,

no se trata de una vida más cómoda,

solo estamos lamiendo nuestras heridas

el uno al otro, mientras leemos los clásicos;

para una vez repuestos y enteros

cuando despunte el verano

contratacar con furia y sin tregua

hasta despedazarnos una vez más,

solo para al final, agonizando otra vez,

arrastrarnos en el campo de batalla

hasta encontrarnos

y mirarnos profundamente

con el brillo de la locura.

 

V

Quédense con las iglesias, los políticos,

las opiniones correctas y la puta televisión.

Yo solo necesito algunos libros,

un whisky sin hielo,

sus piernas dispuestas a todo

y un maldito Rocanrol !!!

 

 

 

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